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Nuugi Mundialista No. 1

En Nuugi nos estamos poniendo futboleros debido al inicio del Mundial 2010 en Sudáfrica, por eso les traemos la historia de un perrito que participó en un partido hace algunos años. Aquí, su crónica:

“Iba caminando tranquilamente por una calle en Viña del Mar, cuando me encontré un gran edificio circular, la gente lo llamaba “Sausalito”, si mal no recuerdo. 

Escuché los gritos de tantas personas que supuse que se estaban divirtiendo, así que me tomé la libertad de entrar. Ya adentro, me percaté que todos los presentes miraban con atención un rectángulo verde que se encontraba en medio de la edificación. Fui a investigar cuál era el motivo de la gran conmoción. Para mi sorpresa y encanto, ¡eran 22 hombres que corrían tras un balón! 

Me llené de emoción y entusiasmo al ver esa pelota, así que decidí entrar a ese rectángulo de pasto a jugar con ellos. Pero algo pasó, alguien detuvo el balón y paró el juego. 

Distraído, comencé relajadamente a olfatear el pasto, cuando de repente un hombre comenzó a acercarse a mi; yo asumí que quería jugar y me eché a correr, esperando que él me persiguiera, pero no fue así.

Seguí mi camino por el campo verde, pero otros hombres gritaban que me saliera… ¿Quién los entiende? ¡Mandan señales mezcladas! Primero quieren jugar y después quieren que me vaya… ¡Humanos! 

El siguiente que pareció querer jugar conmigo fue uno al que todos llamaban “El Garrincha”, quién después se convirtió en mi mejor amigo ya que me adoptó después del partido, pero en ese momento yo no conocía sus intenciones, así que amistosamente, siguiendo el juego, corrí lejos de él… pero tampoco insistió en seguirme.

Fue entonces, cuando mi diversión se terminó. Un tal Jimmy Greaves, quién yo asumí era extranjero porque era diferente a las personas que comúnmente veo en la calle, se agachó, se puso en cuatro patas para estar a mi altura y me miró fijamente. Cuando un hombre nos hace eso, no podemos evitar quedarnos quietos y regresar la mirada… es una cosa de perros; el caso es que me hipnotizó y cuando me di cuenta, ¡aquel hombre ya me había sostenido entre sus manos! 

Yo traté de zafarme para seguir jugando y mi sorpresa fue tal que aunque me apena decirlo, tuve un pequeño accidente; el señor Greaves recibió un recuerdo desagradable de mi parte… ¿Quién le manda andarme agarrando así de la nada? ¡Insisto, fue su culpa que su ropa terminara mojada! 

Pronto después de ese incidente, otro de ellos llegó y me cargó, sacándome del rectángulo pastoso de diversión. 

La gente a mi alrededor reía mucho, creo que les caí bien. Me encantó el momento, pero me hubiera gustado haber estado más tiempo jugando junto a aquellos hombres con ropa extraña.”

Mundial 1962, Chile. 

Chile VS Brasil, en los ojos de un perro.

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